jueves, 1 de enero de 2009

La singularidad radical: cinismo y psicoanálisis



La singularidad radical: cinismo y psicoanálisis
por
Jairo Gallo Acosta, psicoanalista; Bogotá, Colombia.









"Vivir no es malo, vivir mal sí lo es" Diógenes

“El cinismo es lo más elevado que puede alcanzarse en la tierra; para conquistarlo hacen falta los puños más audaces y los dedos más delicados" Nietzsche

“El deseo es la esencia del hombre” Jacques Lacan


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La frase del deseo como la esencia del hombre Lacan la recoge de Spinoza, y no se cansa de repetirla lo largo de sus seminarios, por la sencilla razón que el deseo es con lo que se encuentran los psicoanalistas en su práctica.
“El deseo es, en el inconsciente, reprimido, indestructible, enigma que precisamente todo el desarrollo de su obra está destinado a responder” (Lacan, 1994)

La anterior definición que Lacan toma de lo dicho por Freud nos hace relacionar al deseo con el psiquismo humano, siendo el deseo lo más particular del psiquismo humano, del sujeto, y es aquello que le permite situarse frente a una realidad, un mundo, Otro.

“El deseo es a la vez subjetividad, es lo que está en el corazón mismo de nuestra subjetividad, lo que es más esencialmente sujeto, y al mismo tiempo lo más opuesto, que se opone allí como una resistencia, como una paradoja, como un núcleo rechazado. Es a partir de acá, he insistido allí muchas veces, que toda la experiencia ética está desarrollada en una perspectiva al término de la cual tenemos la fórmula enigmática de Spinoza, que el deseo es la esencia misma del hombre” (Lacan, el deseo y su interpretación)

La subjetividad al ser singularidad convierte al deseo es estructurante de esa subjetividad, y el psicoanálisis de lo que se encarga es de eso subjetivo, de dar cuenta de ese deseo en un sujeto, de esa singularidad.

La subjetividad y la singularidad no tuvieron que esperar al psicoanálisis para ser tenida en cuenta, son varias las escuelas filosóficas o filósofos que a lo largo de la historia trataron de constituir un saber y una práctica que sostuviera esa singularidad hasta las últimas consecuencias, es decir, sostener una ética. Entre esas se puede contar a la escuela cínica, la de Antítenes y Diógenes, la de los “filósofos llamados perros” – que no hay que confundir con el cinismo actual – Los cínicos más que perros guardianes son sabuesos, perros excluidos (Cinosargo), el lugar de los suburbios, allí nació la escuela cínica, en la periferia, en aquello rechazado por la “oficialidad” o normatividad-¿no es acaso este el mismo lugar del nacimiento del psicoanálisis y su lugar en la actualidad? –

“Desde el punto de vista de un urbanismo simbólico, el cínico decidió escoger un lugar lindero con los cementerios, los extremos, los márgenes (…)En el Cinosargo se encontraban los excluidos de la ciudadanía, aquellos a quienes el azar del nacimiento no había hecho dignos de tener acceso a los cargos cívicos. De modo que la escuela cínica vio la luz en los suburbios, lejos de los barrios ricos, en un espacio destinado a los excluidos, a aquellos a los que el orgullo griego había dejado de lado.” (Onfray, 2002)

El antiguo orgullo griego se podría reemplazar por el culto actual al éxito, a la belleza, a la juventud, el psicoanálisis desde su práctica se ubica lejos de esos ideales actuales, del “winners” o lo “fast”, de la productividad capitalista, desde ese lugar el psicoanálisis no es una disciplina útil (de ahí su constante crítica desde la estandarización eficaz, eficiente y efectiva).


El psicoanálisis no es que se oponga a los bienes materiales, no es el culto a lo espiritual – como ciertas “filosofías orientales” o “New age” lo proponen, que no son más que la conversión de lo material a lo espiritual, convirtiendo lo espiritual o en otro bien más-lo que propone el psicoanálisis es una ética de la existencia que sostenga eso particular de cada sujeto: su deseo; un deseo inconsciente que tiene que arreglárselas con el goce, las pulsiones, los fantasmas, los objetos, pero sobretodo con ese Otro.

El cínico al igual que el psicoanalista se encarga del malestar, de aquello que no puede “andar” en la cultura, pero no para eliminarlo, sino para que cada sujeto se pueda hacer cargo de ello.
“Diógenes se erige pues en médico de la civilización cuando el malestar desborda las copas y satura la actualidad (…)Figura de la resistencia, el nuevo cínico impediría que las cristalizaciones sociales y las virtudes colectivas, transformadas en ideologías y en conformismo, se impusieran a las singularidades. No hay otro remedio contra las tiranías que no sea cultivar la energía de las potencialidades singulares, de las mónadas. ” (Onfray, 2002)

Llevar la singularidad hasta las últimas consecuencia no es otra cosa que la ética del deseo que propone el psicoanálisis, donde cada quién encuentre su verdad, aquella verdad de lo inconsciente, esa es la ética del psicoanálisis.

“La ética es entonces un juego: además de ser un arte, apela a esa parte de nosotros que corresponde al gusto por lo agónico, el vértigo y el mimetismo. A rato artista, a rato médico, atleta o bailarín, el filósofo mantiene más relaciones con la estética que con la ciencia, más relación con lo bello que con lo verdadero. Diógenes es lo contrario de un positivista: Kierkegaard diría que era un filósofo ético, Nietzsche lo llamaría un filósofo-artista” (Onfray, 2002)

Para los cínicos las representaciones es lo más particular de un sujeto, ya que este lo puede usar a su antojo, desde el psicoanálisis se diría las imagos freudianas, los pensamientos bionianos o los significantes lacanianos (con sus diferencias).

¿Has actuado en conformidad con tu deseo? nos increpa Lacan, más allá de las arandelas narcisísticas o imaginarias, más allá de los formalismo simbólicos que a cada rato nos protegen (la moral del poder, del servicio de los bienes) y nos hacen andar por el mundo y sobrevivir, pero que también nos hace alejar en muchas ocasiones del deseo.

Para Lacan el problema del deseo, es que no es algo con lo que el sujeto llegue investido, poseído, a la vida.Tiene que situarlo, encontrarlo a su costo y a su más grande pena, al punto de no poderlo hallar sino en el límite, en su acción, que no puede ser realizable, sino a condición de ser mortal.

El deseo engendra al sujeto, desde el objeto a, objeto causa del deseo, y allí el sujeto por medio de ese acto causante surge, es así que el sujeto a lo largo de su vida tiene que sostener ese deseo por medio de un acto, una ética del deseo.

Hay que aclarar que un acto para el psicoanálisis no es ni una descarga motriz ni cualquier movimiento. El acto representa la acción del sujeto, que a diferencia de la simple descarga motora, reafirma al sujeto de modo diferente en relación al Otro. El acto es un significante que se repite y es en esto que es fundador del sujeto. Aunque esta, es repetición de un acto imposible (la de una escena primordial), es de lo Real.Imposibilidad que se muestra por el intento del significante trata de significarse así mismo por intermedio del acto, intento que apunta a que el sujeto sea equivalente a su significante, aunque no por eso queda menos dividido.

Para Zizek un acto implica la afirmación de lo Real, supone atravesar la realidad fantasmática tal como la observamos cotidianamente: “un acto en tanto opuesto a la mera actividad; en síntesis: el actoauténtico involucra perturbar, atravesar el fantasma (Zizek, 2001)

El "acto" desde el psicoanálisis se define por el encuentro con lo Real traumático, el "acontecimiento". Aquí la dimensión del acto se acerca la dimensión de ética lacaniana en donde no hay que ceder ante el deseo que nos remite a aquello más radical del sujeto.

Esta ética del deseo no puede confundirse con una variante perversa del psicoanálisis, ni con un “camino a seguir”, el deseo de lo singular de un sujeto, y cada sujeto tendrá que hacer ese recorrido para sostenerse como tal.

El psicoanálisis implica que el sujeto pueda acercarse o percibir algo de su singularidad, eso es lo más radical que puede hacer un sujeto, su “acto”, los cínicos lo intentaron en la antigua Grecia, el psicoanálisis desde Freud también, de ahí la posible explicación a su rechazo desde varios puntos (desde la psicología pasando por la religión hasta llegar a la filosofía), casi en ningún lado es cómodo el psicoanálisis, así como el sujeto tampoco lo es, es por eso que siempre hay que cuestionar los “lugares cómodos” que se ofrecen en nombre de diferentes “ideales”, incluso desde el mismo psicoanálisis, esa “comodidad” le costó caro a psicoanálisis en Norteamérica -hasta el punto de cas desaparecer en los últimas décadas – aquí habría que investir la supuesta frase freudiana de llevar la peste a Estados Unidos, ya que allí el psicoanálisis fue “apestado” por una ética no del deseo, sino una ética utilitaria – que aunque no fue generalizada – si fue lo suficientemente importante para influenciar a un psicoanálisisadaptacionista contrario a la ética y el deseo inconsciente, el cual no se adapta sino recrea, vía pulsión de vida –ligazones – amor. Aunque hay que decir sostener esto último es más complicado de lo que se cree, no por nada Freud consideraba la labor analítica como una labor de lo imposible.

Para terminar hay muchas versiones de la muerte de Diógenes, desde la muerte por contener su propia respiración hasta que se atragantó con un pulpo, lo que tiene en común todas esa versiones es que el “cínico perro” murió viviendo, es decir, hizo de su propia muerte un acto de vida, un acto de deseo, de ahí su singularidad como sujeto, Diógenes y la escuela cínica nos dejó una pregunta que el psicoanálisis tiene que retomar ¿es posible vivir
de acuerdo a sus principios? que desde el psicoanálisis se podría traducir, ¿es posible vivir de acuerdo al deseo?, pregunta que podría sostener un proyecto psicoanalítico hacia el futuro, tanto para el psicoanálisis como para aquellos sujetos que necesitan ser reconocidos como tal.

Notas
Lacan, J (1994) Seminario, libro 4. La relación de objeto. Buenos aires, Paidós.
_______El deseo y su interpretación.
Onfray, M (2002) Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Buenos Aires. Paidós
Zizek, S (2002) El espinoso sujeto. Buenos Aires, Paidos.


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