
La Bruja Freudiana
por Javier Quintero Polo
psicoanalista;
Universidad Simón Bolivar, Colombia.
“Si se trata de un asunto que necesita reflexión
lo examinaremos mejor en la oscuridad” Edgar Allan Poe
lo examinaremos mejor en la oscuridad” Edgar Allan Poe
RESUMEN
Freud siempre tuvo sus reservas en la relación que mantendría su construcción con la universidad. Actualmente el recetario en que se han convertido los complicados conceptos del psicoanálisis en las aulas de clase, parece poner de manifiesto la preocupación de este. Una presentación del acto poético de guardar silencio para escuchar el dolor humano desde un análisis no objetivante, pretende llamar la atención sobre el intrincado universo de las representaciones-cosa, de lo inconsciente, que como se verá de estructura esquiva e inaprehensible, quedaría desdibujado y simple si se lo transmite desde una definición de manual.
Palabras claves:
Freud siempre tuvo sus reservas en la relación que mantendría su construcción con la universidad. Actualmente el recetario en que se han convertido los complicados conceptos del psicoanálisis en las aulas de clase, parece poner de manifiesto la preocupación de este. Una presentación del acto poético de guardar silencio para escuchar el dolor humano desde un análisis no objetivante, pretende llamar la atención sobre el intrincado universo de las representaciones-cosa, de lo inconsciente, que como se verá de estructura esquiva e inaprehensible, quedaría desdibujado y simple si se lo transmite desde una definición de manual.
Palabras claves:
Inconsciente, Representación, Visibilidad, Asombro, Manejo Transaccional, Poesía.

Estando en el bachillerato me encontraba embelesado con un personaje del oscuro y brillantísimo Edgar Allan Poe[1]. Este aparece en algunos cuentos como La Carta Robada y Asesinatos en la Rue Morgue. C. August Dupin[2] es su nombre y es fascinante. Posee una sensibilidad y sensatez pasmosa, que utiliza deleitado para descifrar enigmas. A través de su lógica arrolladora encuentra lo que escapa a la mirada, esas cuestiones de la realidad que son inaprensibles, y no por falta de herramientas, ya que la ciencia nos permite ver muchas cosas[3], sino por falta de espera, de silencio para sentirlas. Dupin tenía el suficiente sosiego para captar lo que a la mirada en su vertiginosidad se le escapaba. Yo quería ser como él, quería tener un intelecto impetuoso, poseer sensibilidad, sensatez y dedicarme a penetrar enigmas, el enigma más espinoso de todos; por eso decidí estudiar psicología.
Sin embargo, sufrí un desencanto, la psicología universitaria[4] no era lo que yo esperaba. Mientras el docente repetía lo que se sabe desde el colegio, yo meditaba buscando explicaciones para mi desaliento. Me convertí en lo que llaman un estudiante preguntón. Obviamente nada satisfacía mi demanda. Me dediqué, entonces, a ratonear en la biblioteca, tratando de encontrar la psicología de Dupin, que no sentía en ninguna de las tantas asignaturas; buscando y leyendo me hallé con un librito llamado Psicoanálisis De Los Cuentos De Hadas[5]. Enseguida quede atrapado. Esta era la psicología que yo quería practicar, una concepción de los fenómenos humanos que implicara una rigurosa lógica interpretativa y que, además, no se alejara del malestar de quien lo padece.
Sin embargo, sufrí un desencanto, la psicología universitaria[4] no era lo que yo esperaba. Mientras el docente repetía lo que se sabe desde el colegio, yo meditaba buscando explicaciones para mi desaliento. Me convertí en lo que llaman un estudiante preguntón. Obviamente nada satisfacía mi demanda. Me dediqué, entonces, a ratonear en la biblioteca, tratando de encontrar la psicología de Dupin, que no sentía en ninguna de las tantas asignaturas; buscando y leyendo me hallé con un librito llamado Psicoanálisis De Los Cuentos De Hadas[5]. Enseguida quede atrapado. Esta era la psicología que yo quería practicar, una concepción de los fenómenos humanos que implicara una rigurosa lógica interpretativa y que, además, no se alejara del malestar de quien lo padece.
A partir de ese momento me decidí por el Inconsciente. Ese espacio (en sentido topológico no topográfico[6]) donde el tiempo encuentra su falsedad; donde las cosas son innombrables, por lo tanto, ni buenas ni malas; donde la concatenación se presenta inexorable para mostrar a Dios con senos enormes y vagina de cristal instando a Beliat que le de nombre[7]. Esa encrucijada relatada por Freud me situó de regreso a la necesidad de saber, recobrando así el aliento perdido[8].
No obstante esa admiración primera por aquella dimensión, fue dragada con sutil tecnología en el recorrido para conseguir mi acreditación; sucedió una especie de alienación acomodaticia en el manejo transaccional al que está sujeto un discurso al querer fraccionarlo para su enseñanza masiva[9]. Afortunadamente un tiempo después, este somnífero quedó disuelto por una frase de J. Nasio: “Preguntarse por la naturaleza del Inconsciente parecería una inocencia fingida”, y el hecho es simple se está tan habituado a su uso que ya no inquieta[10]. Resultó esta frase un jalonamiento de oreja. ¿Como así que existe algo que nos habita y nos determina sin nosotros saberlo, algo que nos dice que la realidad (lo real) no esta hecha y que hay que conseguirla, y conseguirla con dolor y que, además, en cualquier momento podemos perderla[11]; algo que revoluciona por completo la historia del conocimiento? Y yo, mientras tanto, extraviado en definiciones castradoras utilitaristas.
Estando así las cosas me propondré transmitirles ese asombro por este discurso. Empero dejo claro que no trato de abarcar el tema en su totalidad, por demás arduo y exorbitante, sino, plantear que el Inconsciente no es un tema simple. Ya que creyéndole o no, no se puede negar su ingenio y mucho menos soslayar su marca en la cultura: Antes de Freud en el interior de las iglesias se colocaban infantes alados, como angelitos, estos en representación de su candor no tenían genitales. Después de Freud, en esta zona, les colocaron una hoja[12].
Aprehendiendo El Inconsciente
1. Contexto
Ante todo, la noción de Inconsciente ya existía antes de Freud, aunque esta no tenia los alcances que luego le daría el medico vienés, digamos que con él la idea de Inconsciente toma un nuevo sentido con numerosas implicaciones. Precedían a sus publicaciones, el manejo del Inconsciente por parte de algunos pensadores que podríamos adjudicarles el adjetivo de filósofos, y también, por aquellos virtuosos que perciben en la realidad aquellos detalles impregnados de significado revelador, me refiero ciertamente a los poetas. Sin embargo, en ambos flujos discursivos no había una precisión sobre lo que se mencionaba; por ejemplo del lado de la poesía T.S. Eliot decía “entre la idea y la realidad, entre el movimiento y la acción media la sombra”, lo cual connota que en lo manifiesto de nuestro comportamiento hay un rastro misterioso que se presenta como falto de iluminación, ya que en las sombras permanece oculto, y el trabajo de Freud consistió precisamente en empezar a descifrar eso que vive en las sombras. H. Bloom[13] anota que la idea de inconsciente ya está toda en Shakespeare, que el merito de Freud es discurrirlo a manera de prosa. Recordemos que el joven Freud era lector de los clásicos griegos entre ellos Homero y por supuesto Sófocles; también de Shakespeare, de Cervantes, de Goethe, de Dovtoiesky etc. Recordemos además que una de sus máximas es “debo mucho más a los poetas que a toda la psiquiatría junta” (S. Freud; citado E. Zuleta) [14]
Si en los filósofos la idea de Inconsciente era algo a lo que no lograban darle precisión y en los poetas era eso que decían sin saber que lo precisaban, en las ciencias de finales del siglo XIX y principios del XX era algo que no tenía cabida. Las elucidaciones de Descartes[15], unos siglos antes, sirvieron para establecer un método que daba cuenta fiable de los procesos que se abordaban. Paso a paso se iba accediendo a un fenómeno, ese acceso paulatino culminaría en la obtención de su entendimiento. A partir de allí comenzó lo que llaman la revolución científica, ya que el entendimiento de un hecho permitía luego su manipulación. La penetración de los fenómenos, consiguiente administración, era del orden de la visibilidad, el método era aplicable solo aquellos fenómenos visibles en los cuales se podía accionar. En este caso, si una disciplina decidía abordar la psyche tendría la obligación, si quería ser catalogada como científica, de seguir el método de la visibilidad, ya que este era el único camino para acceder a las certezas de los fenómenos. En esta “línea” en el siglo XVIII categóricamente Kant planteó que sí la psicología aspiraba a constituirse como ciencia debía encontrar un objeto que pudiera ser medible y por tanto cuantificable; la voz de este inspiro toda una serie de trabajos que desembocaron en el hecho del establecimiento a finales del siglo XIX del primer laboratorio donde se inquirían los procesos psíquicos[16]. En este lugar se instruía al individuo para que examinara y describiera sus representaciones mentales de la manera más fiable posible. En esta experiencia no se escatimaban esfuerzo por controlar todas la variables intervinientes. Había una serie de maquinas conectadas al individuo que ayudaban al grupo de investigadores en la recolección de los datos. De este modo se obtuvo la conclusión de que las representaciones mentales constaban de tres elementos: sensaciones, imágenes y afectos. Con esto se alcanzó un objeto medible y cuantificable, se estableció entonces la disciplina que, a través del procedimiento científico, estudiara la psyche. Sin embargo, el individuo solo podía comunicar aquello a lo que tenía acceso, es decir, aquello de lo que era consciente que se representara en su mente. Así la psicología era la disciplina de la conciencia, dado el hecho de que era de lo que tenía datos. Fuera de estos, es decir, representaciones que estuvieran en la mente del individuo sin que este lo supiera, se escapaba al método ya que no era posible acceder a ellos y por lo tanto no se podía cuantificar, dada su no visibilidad. Esto da cuenta, entonces, de lo ajeno que es para la psicología científica de los albores del siglo XX la idea del Inconsciente, por lo que coloca el método en el orden de la especulación.
2. La construcción de Freud
En una carta a su entonces novia Marta, Freud por descuido derrama una bebida sobre lo que escribía manchando el papel, aun así decide enviarla, anotándole a su amada una frase al respecto: “por favor no interpretes lo sucedido”[17]. Da entender la anotación que ya en su juventud existía la sospecha de un mas allá en nuestro comportamiento que permanecía en la penumbra y que precisaba iluminación. Él se impondrá encontrarlo.
Por todos es sabido la formación científica que adquiere Freud en su carrera médica. Eran horas y horas frente al microscopio estudiando y anotando todo lo que iba observando sobre el funcionamiento de las células del sistema nervioso. Esto, lo llevo a plantearse que la neurona era la unidad funcional de este, incluso antes que se publicara la existencia de la misma[18]; bosqueja, además, la idea de las sinapsis neuronal, por lo cual Ramón y Cajal recibiera el Nóbel años mas tarde[19]. Esta consecución de datos comenzará a gestar la posibilidad de hallar un fundamento material para los procesos psíquicos, no obstante el ordenamiento que le hace Freud a estos descubrimientos es harto distinto a las directrices de su época. La correlación encontrada por algunos anatomistas entre un desorden funcional y lesiones localizadas en zonas especificas del cerebro (Wernicke y Broca) hacia pensar que los procesos mentales estaban alojados en distintas partes del área cerebral, y que era solo cuestión de tiempo que el método los encontrara. Por el contrario Freud pensaba que esta concepción no le hacía justicia a la complejidad, en su momento, de las afasias[20]. Había una confusión en estos lineamientos respecto a lo físico y lo psíquico, argumenta que la relación que se da entre estos dos fenómenos, probablemente no sea de causa y efecto “ya que el suceso fisiológico no cesa cuando el pensamiento comienza” (Afasias, 1891. Citado por M. Fernández)[21]. Por tanto la idea que se hace Freud de los procesos mentales es más dinámica que estática, no concebía una representación alojada en una neurona[22]. Esto quizá fue uno de los pensamientos captados por él en el círculo de Brücke (E. D. Dobois-Reymond, C. Ludwing, H. Helmholtz) donde lo cardinal era que todo se reducía a fuerzas físico químicas, y en los momentos en que se presentaba algo a lo que no se podía acceder por medio de esta concepción había que intentar reflexionarlas a partir de métodos físico-matemáticos, o bien suponer la existencia de nuevas fuerzas inherentes a la materia, y reductibles a la fuerza de atracción y repulsión (S. Bernfeld; citado por A. Garcia)[23]. Tomando esta perspectiva, sumándole sus propias observaciones y, obviamente, lo que él intuía, Freud concibe la representación mental.
2.1 La Representación En Freud
En un texto de 1890 Freud se refiere a sus colegas: “La relación entre lo corporal y lo anímico (en el animal tanto como en el hombre) es de acción recíproca; pero en el pasado el otro costado de esta relación, la acción de lo anímico sobre el cuerpo, halló poco favor a los ojos de los médicos. Parecieron temer que si concedían cierta autonomía a la vida anímica, dejarían de pisar el seguro terreno de la ciencia”[24]. Ya que como se ha venido diciendo tal influencia no era visible. La representación, como sabemos desde Wundt si lo es. Pero ¿Qué es una Representación? es aquello que vemos pero no con los ojos, es aquello que vemos aun teniendo los ojos cerrados; a manera mas precisa: cuando un estimulo llega a nuestro organismo este se presenta en nuestra conciencia, luego por funciones de memoria lo podemos volver a traer a la conciencia o llega fortuitamente a ella[25], esto es una Representación. Ahora, ¿Qué es lo que se presenta o representa en nuestro psiquismo? Las cosas, los objetos. Empero recordemos que hay dos clases de objetos. Uno que hace referencia a las cosas del universo, aquello a lo que accedo por los sentidos (Gegenstand); y otro que es constituido, el compendio de sensaciones en una representación (Objekt), que situamos en las cosas del universo[26]. Y estos dos objetos son a los que atenderá Freud. Él plantea el psiquismo consciente dotado de dos elementos primarios con una derivación: Representación-Palabra y Representación-Cosa, ambas, en su articulación, constituyen la Representación-Objeto. Esta precisión se encuentra ya en el texto sobre las afasias (1891)[27], y concuerda con la maravillosa elucidación de Ferninad de Saussure en 1915 en su Curso De Lingüística General cuando dice “Llamamos signo a la combinación del concepto y de la imagen acústica: pero en el uso corriente este termino designa generalmente la imagen acústica sola, por ejemplo una palabra (árbol). Se olvida que si llamamos signo a árbol, no es más que gracias a que conlleva el concepto árbol, de tal manera que la idea de la parte sensorial implica la del conjunto.”[28] Freud lo explicitará más adelante en su obra de la siguiente manera: “Lo que pudimos llamar la representación-objeto {Objektvor-stellung} conciente se nos descompone ahora en la representación-palabra {Wortvorstellung} y en la representación-cosa {Sachvorstellung} que consiste en la investidura, si no de la imagen mnémica directa de la cosa, al menos de huellas mnémicas más distanciadas, derivadas de ella. De golpe creemos saber ahora dónde reside la diferencia entre una representación conciente y una inconsciente… La representación conciente abarca la representación-cosa más la correspondiente representación-palabra, y la inconsciente es la representación-cosa sola”[29]. Ahora bien ¿Qué es eso a lo que Freud llama representación-cosa? Aquellas experiencias iniciales que en nuestra humanización particular fueron cargadas de afecto y quedaron representadas en nuestra alma, mas sin embargo en ausencia de un lenguaje estructurado, no hubo palabras para nombrarlas, y yerran en un topos no ontico, esperando y no desaprovechando oportunidad para ser nombradas.
Por esto las palabras en psicoanálisis son tan importantes. Ya que ellas remiten a aquello que quiere ser nombrado, y que se nombra de tanto en tanto, sin que la persona lo sepa, ya que ella no conoce su nombre, empero en la hilación de su conversación, si se tiene calma y sosiego se capta como esa cosa se nombra en y con distintas palabras. En el texto citado anteriormente (tratamiento psíquico, tratamiento del alma) Freud dirá lo siguiente “Un recurso de esa índole es sobre todo la palabra, y las palabras son, en efecto, el instrumento esencial del tratamiento anímico”. Aunque este texto es del periodo llamado pre-psicoanalítico, me valgo de él en razón, del valor que tempranamente le daba Freud a la cadena de palabras que componen un discurso.
2.2 Implicaciones Clínicas
En un texto de 1937 Freud se refiere a una escena del Fausto de Goethe. La escena es más o menos la siguiente: “Fausto busca el rejuvenecimiento y desconfía del poder de la bruja. Pregunta a Mefistófeles si no habría otro medio mejor, y el diablo goethiano le responde que sí, que hay otro medio: el trabajo duro de la tierra, los alimentos naturales y el vivir como un animal más. Pero para fausto no vale esta vida dura y natural, Mefistófeles concluye: Entonces es preciso que intervenga la Bruja”[30]. La mención de Freud de esta escena surge en una pregunta que él se plantea: “¿Es posible tramitar de manera duradera y definitiva, mediante la terapia analítica, un conflicto de la pulsión con el yo o una demanda pulsional patógena dirigida al yo?” [Y el mismo se responde] “Si se pregunta por qué derroteros y con qué medios acontece ello, no es fácil responder. Uno no puede menos que decirse: «Entonces es preciso que intervenga la bruja»”[31]
Aunque, en el texto Freud usa la metáfora para referirse a toda su Metapsicología. Por cuestiones de tiempo[32], yo solo la significaré, si me lo permiten, en un solo aspecto.
Es apenas comprensible que las “brujas” en las ciencias no sean llamadas, ya que su objeto está ahí a sus ojos, y sencillamente se utilizan un sin numero de herramientas para tratarlo. Pero en la clínica del psicoanálisis donde el objeto son las palabras, y como se vio unas palabras que intentan nombrar eso que quedo sin nombre, es necesario hacerle el llamado a la bruja, al Inconsciente.
Al llegar Freud a la clínica se encontró con casos que escapaban a la mirada vertiginosa de la cartografía médica, pero su voluntad de saber, su empeño en hacer racional el síntoma lo llevo a situarse de especial manera para captar el malestar humano. Por esto cuando Elisabeth von R.[33], que padecía de dolores terribles en las piernas a la hora de caminar sin tener esto implicaciones orgánicas, Freud capto en su discurso aquellas formas que significaban el problema, como aquella cosa que no encontró descarga se simbolizó en las piernas.
Y hoy gracias a él, se puede captar como un sujeto en análisis con angustia sobre su homosexualidad, acentúa siempre las x en su discurso, menos cuando se va a referir a lo sexual[34]; como un sujeto que tiene el fantasma de ser el payaso de la familia, utiliza la expresión “fan” recurrentemente. Como una joven sueña con una sirena de ambulancia, olvidando que su padre le decía sirenita cuando niña, y con el cual tenía dificultades.[35]
Para finalizar recordar la famosa anécdota, tan referenciada pero esquiva en su fuente, del analista J. Lacan en su visita a los Estados Unidos. Sucedió que después de una larga conversación sobre epistemología de la ciencia con el bien instruido Chomsky, este último creyendo dar fin a la conversación aseveró “Entonces eso no es ciencia, eso es Poesía”, a lo que Lacan contestó “Entonces yo soy un poeta”.
[1]Para un acercamiento a este autor se recomienda el ensayo de Charles Baudelaire “Edgar Poe, Su vida Y Sus Obras” en E. A. Poe. El gato negro y otros cuentos. Bogotá: Editorial Norma S.A. 7ª reimpresión. Colección Cara-Cruz. También puede verse el libro de M. Bonaparte, que fuera una de las primeras psicoanalista, titulado Edgar Allan Poe, étude psychanalytique, que Freud prologará de la siguiente manera: “En este libro, mi amiga y discípula Marie Bonaparte ha dirigido la luz del psicoanálisis sobre la vida y la obra de un gran poeta de genio patológico. Merced a su trabajo interpretativo se comprende ahora cuántos de los caracteres de su obra están condicionados por la peculiaridad del hombre, pero se averigua también que esta última es la sedimentación de intensas ligazones afectivas y vivencias dolorosas de su primera juventud. Tales indagaciones no están destinadas a explicar el genio del poeta, pero muestran los motivos que lo han despertado y el material que el destino le ofreció. Reviste un particular encanto estudiar las leyes de la vida anímica de los seres humanos en individuos descollantes” (Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis y Otras Obras, Escritos breves, Prólogo a Marie Bonaparte, Edgar Allan Poe, étude psychanalytique; en Sigmund Freud Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu editores. Versión electrónica)
[2] Es justo en los textos referenciados donde Poe introduce a Dupin con su esplendor lógico, aunque Lacan mucho menos transferencial dirá “…observaciones sin duda muy penetrantes, aunque no siempre absolutamente pertinentes en su generalidad…” (J. Lacan (1976) Escritos II. El seminario sobre “La Carta Robada”. México: Siglo Veintiuno Editores S.A.) En Los Asesinatos de la Rue Morgue aparece lo siguiente: “Los eslabones mayores de la cadena son estos: Chantilly, Orión, el doctor Nichols, Epicuro…” y “Yo no estaba poniendo atención especial a lo que usted hacia…” (E. A. Poe. El gato negro y otros cuentos. Bogotá: Editorial Norma S.A. 7ª reimpresión. Colección Cara-Cruz. Pág. 64) cuestiones estas que hacen recordar a la atención libre flotante y a la asociación libre de la clínica del psicoanálisis. Esta virtud de Poe, “el ojo del poeta, girando en su fino desvarío” (Sueño de una noche de verano, acto V, escena 1; citado por Strachey en el apartado Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Manuscrito N. Sigmund Freud Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu editores. Versión electrónica) queda en la inmortalidad de su obra.
[3] Es paradójico observar como tanto las ciencias como el psicoanálisis, siguiendo senderos digamos distintos, han llegado a la misma conclusión en lo referente a lo real, no se le puede acceder directamente. Igualmente paradójico es que conductismo y psicoanálisis compartan la idea de que un análisis exhaustivo del Yo lo desintegra y lo deja sin “identidad”, pasa a ser un cúmulo de condicionamientos por la influencia del ambiente o un alienado por el discurso del Otro respectivamente.
[4] En un precioso articulo, que ha de ser sin duda un clásico, G. Canguilhem discute el fundamento del objeto de estudio de la psicología, llegando a decir “Sin embargo, mirando las cosas con más detenimiento, se podría decir que esta unidad se asemeja más a un pacto de coexistencia pacifica, establecida entre profesionales, que a una esencia lógica obtenida por la revelación de una constancia en una variedad de casos” o “El psicólogo no quiere más que ser instrumento, sin tratar de saber de qué o de quién es instrumento” y “¿Adonde quieren llegar los psicólogos haciendo lo que hacen? ¿En nombre de quien se han instituido psicólogos?” (Revista Colombiana de Psicología No 7. ¿Qué es la Psicología? Bogota: Universidad nacional de Colombia. Págs. 8, 13 y 14.)
[5] B. Bettelheim (1988) Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas. Barcelona: Editorial Critica 9ª edición. Una de las cosas que más me impresiono del libro es el ordenamiento simbólico que tienen las figuras y algunos de sus rasgos en el psiquismo humano.
[6] Aunque los dos términos hacen referencia a ubicación de lugar, en el periplo diacrónico ambas palabras se han diferenciado, una (topográfico) hace referencia a un espacio físico, mientras la otra (topológico) alude a un mas allá de este (Y. Páez. Comunicación personal.)
[7] Estas palabras, aunque sea una perogrullada decirlo, hacen referencia a los principios descritos por Freud con los cuales actúa el inconsciente, lo último es un sueño.
[8] Este es otro cuento de Poe, y uno de los más especiales.
[9] Respecto a esto Freud se pronunciaría en varias ocasiones, por ejemplo “Es indudable que la incorporación del psicoanálisis a la enseñanza universitaria significaría una satisfacción moral para todo psicoanalista, pero no es menos evidente que este puede, por su parte, prescindir de la universidad sin menoscabo alguno para su formación. En efecto, la orientación teórica que le es imprescindible la obtiene mediante el estudio de la bibliografía respectiva y, más concretamente, en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como por el contacto personal con los miembros más antiguos y experimentados de estas. En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos.” (De la Historia de una Neurosis Infantil y Otras obras, ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad? en Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu editores. Versión electrónica) Lacan profundizará más la relación del psicoanálisis y la universidad con el planteamiento de los cuatro discursos entre ellos el universitario y el del analista.
[10] M. Fernández (2001). Del inconsciente freudiano al significante lacaniano. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Departamento de Psicoanálisis de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia. Pág. xxiii
[11] E. Zuleta (1985) El Pensamiento Psicoanalítico. Medellín: Editorial Percepción. Serie Universidad, Colección: Espejo. Pág. 39
[12] L. Chamartín (2006). Conversatorio “El discurso sadiano” (Inédito). Organizado en la Universidad Simón Bolívar por el grupo académico-cultural Tempera Mental.
[13] Referenciado por Marcelo Figueras en www.clarin.com/suplementos/cultura/1999/03/21/e-00411d.htm
[14] E. Zuleta (1985) El Pensamiento Psicoanalítico. Medellín: Editorial Percepción. Serie Universidad, Colección: Espejo. Pág. 15
[15] G. Canguilhem relata que la psicología del sentido externo nace con él al afirmar que hay una constancia de relación entre la excitación y la reacción (Revista Colombiana de Psicología No 7. ¿Qué es la Psicología? Bogota: Universidad nacional de Colombia. Pág. 10)
[16] Este es el famoso hecho del primer laboratorio experimental de una psicología del sentido externo instaurado por W. Wundt en Liepzig.
[17] La foto de la carta, con la anotación se puede encontrar en la versión electrónica de las obras completas de Freud de la editorial Nueva Helade.
[18] En una nota al Proyecto… Strachey dice “El término «neurona» fue acuñado en 1891 por W. Waldeyer para designar la unidad fundamental del sistema nervioso. Las investigaciones histológicas de Freud lo habían conducido hacia el mismo descubrimiento.” en Publicaciones Prepsicoanáliticas y Manuscritos inéditos en vida de Freud, Proyecto de Psicología. Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu editores. Versión electrónica.
[19] Se pueden observar las imágenes diseñadas por Freud y presentadas en el texto póstumo “Proyecto de Psicología para Neurólogos, en Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu editores. Versión electrónica.
[20] M. Fernández (2001). Del inconsciente freudiano al significante lacaniano. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Departamento de Psicoanálisis de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia. Pág. 6
[21] Ibíd., Pág. 5
[22] Ibíd., Pág. 6
[23] A. García (2005). Teoría Psicoanalítica. Madrid: Colección Quipú, Editorial Biblioteca Nueva. Pág. 39
[24] S. Freud (1890). Tratamiento Psíquico, Tratamiento del Alma. Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu editores. Versión electrónica.
[25] Esto parafrasea un aparte que aparece en Sobre la versión castellana en el apartado La representación y la síntesis del objeto de Sigmund Freud Obras Completas Amorrortu editores. Versión electrónica.
[26] Ibíd.
[27] Aunque Strachey nos aclara lo siguiente “Debe señalarse que hay entre la terminología que utiliza aquí y la de «Lo inconciente» una importante diferencia, que puede dar origen a confusiones. Lo que aquí llama «representación-objeto» {Obiektvorstellung} es lo que en «Lo inconciente» denominaría «representación-cosa» {Sachvorstellung}, mientras que lo que allí designaría «representación-objeto» denota una combinación de la «representación-cosa» y la «representación-palabra», a la cual no le da ningún nombre específico en este pasaje.” (J. Strachey. Apéndice C de Lo Inconsciente. Sigmund Freud Obras Completas Amorrortu editores. Versión electrónica.)
[28]
F. De Saussure (1945) Curso de Lingüística General. Buenos Aires: Editorial Losada S.A. Pág. 129
[29]
S. Freud. (1915) Lo Inconsciente. Sigmund Freud Obras Completas Amorrortu editores. Versión electrónica.
[30]
A. García (2005). Teoría Psicoanalítica. Madrid: Colección Quipú, Editorial Biblioteca Nueva. Pág. 403
[31]
S. Freud (1937) Análisis Terminable e Interminable. Sigmund Freud Obras Completas Amorrortu editores. Versión electrónica. (Lo que está en corchetes no pertenece al texto)
[32] Este texto fue presentado en la Segunda Jornada Académica en Conmemoración del día del Psicólogo y la Psicóloga en la Universidad Simón Bolívar organizado por el grupo Tempera Mental.
[33]
S. Freud; J. Breuer (1893-95) Estudios Sobre la Histeria. Sigmund Freud Obras Completas Amorrortu editores. Versión electrónica.
[34]
J. Baños (2007) Seminario “Orígenes de la Agresividad en Psicoanálisis” (Inédito). Organizado por el Circulo Psicoanalítico del Litoral Caribe.
[35] Y. Páez (2007). Comunicación Personal. Universidad Simón Bolívar.
Relación de Textos y Palabras
— Baños, J. (2007) Seminario “Orígenes de la Agresividad en Psicoanálisis” (Inédito). Organizado por el Circulo Psicoanalítico del Litoral Caribe.
—Bettelheim, B. (1988) Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas. Barcelona: Editorial Critica 9ª edición
— Canguilhem, G (1998) Revista Colombiana de Psicología No 7. ¿Qué es la Psicología? Bogota: Universidad nacional de Colombia.
— Chamartín, L. (2006). Conversatorio “El discurso sadiano” (Inédito). Organizado en la Universidad Simón Bolívar por el grupo académico-cultural Tempera Mental.
— De Saussure, F. (1945) Curso de Lingüística General. Buenos Aires: Editorial Losada S.A.
— Fernández, M. (2001). Del inconsciente freudiano al significante lacaniano. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Departamento de Psicoanálisis de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia.
— Freud, S. (1978-85). Sigmund Freud Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu editores. Versión electrónica.
Ø Análisis Terminable e Interminable (1937) Volumen 23
Ø De la Historia de una Neurosis Infantil y Otras obras, ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?(1919) Volumen 17
Ø Estudios Sobre la Histeria(1893-95) Volumen 2
Ø Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Manuscrito N (1886-99) Volumen 1
Ø Lo inconsciente (1915) Volumen 14
Ø Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis y Otras Obras, Escritos breves, Prólogo a Marie Bonaparte, Edgar Allan Poe, étude psychanalytique (1933) Volumen 22
Ø Publicaciones Prepsicoanáliticas y Manuscritos inéditos en vida de Freud, Proyecto de Psicología (1950-1895) Volumen 1
Ø Sobre la versión castellana, La representación y la síntesis del objeto.
Ø Tratamiento Psíquico, Tratamiento del Alma (1890) Volumen 1
— Freud, S. (1995) Freud Total 1.0. Buenos Aires: Ediciones Nueva Hélade
— García, A (2005). Teoría Psicoanalítica. Madrid: Colección Quipú, Editorial Biblioteca Nueva.
— Lacan, J. (1976) Escritos II. El seminario sobre “La Carta Robada”. México: Siglo Veintiuno Editores S.A.
— Páez, Y. (2007). Comunicación Personal. Universidad Simón Bolívar
— Poe, E. A. (1999). El gato negro y otros cuentos. Bogotá: Editorial Norma S.A. 7ª reimpresión.
— Zuleta, E. (1985) El Pensamiento Psicoanalítico. Medellín: Editorial Percepción. Serie Universidad, Colección: Espejo.
Fuente: http://www.unisimonbolivar.edu.co/rdigital/psicogente/index.php/psicogente/article/viewFile/32/36
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